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Mensaje por Hibari Kyoya el Lun Ene 27, 2014 7:10 pm

En la pequeña ciudad de Namimori, Japón, el fin de semana había hecho su aparición. Todos disfrutaban de este día con sus amigos, o descansando en sus casas, todos a excepción de Hibari Kyoya, líder del comité de disciplina del instituto medio Namimori, y a su vez, principal habitante de aquella ciudad que se encontraba bajo sus redes. En lugar de imitar a los demás jóvenes de su edad, comenzó a vagar por las calles muy temprano en la mañana, usando el uniforme de su instituto, y asegurándose de que la ciudad estuviese en orden. Un aroma peculiar había llegado a su nariz, el aroma del tabaco, que provenía de uno de los callejones de la ciudad. Sin dudarlo se adentro en dicho callejón, topándose con un par de delincuentes que osaban romper las reglas justo frente a el, fumando y rallando las paredes. Pobres diablos que se habían atrevido ha realizar dichas actividades en la ciudad que el prefecto tanto valoraba, idiotas que estaban a punto de recibir un gran castigo.

_ Por romper las reglas, los morderé hasta la muerte - hablo seriamente, levantando sus tonfas a modo de amenaza. Aquel grupo de delincuentes llevo su vista instantáneamente hacia donde estaba el prefecto, con la idea de enfrentarlo, mas sus miradas se horrorizaron al momento de reconocerlo. Se disculparon rápidamente, y juraron pintar las paredes y arreglar su error, mas sin embargo, Kyoya no estaba dispuesto a perdonarlos. Como era su costumbre, los golpeo hasta dejarlos inconscientes y casi muertos, probablemente mas de uno de ellos duraría inconsciente al menos un par de meses internados en el hospital, pero nada de eso era de mucha importancia para el prefecto. Tan solo terminar, dejo los golpeados cuerpos de sus adversarios tumbados en el piso, y siguió su camino luego de limpiar los restos de sangre que hubiesen quedado plasmados en sus tonfas. Tras el paso de las horas, termino con su ronda diaria y se dirigió de nueva cuenta hacia Nami-chu, para asegurarse que el instituto estuviese en orden y terminar de hacer el papeleo que había dejado el día anterior. Al ser fin de semana, el territorio de la escuela estaba vació, lo cual alegraba de sobremanera al azabache, aun si su rostro no mostraba este hecho. Se encamino hacia la sala de recepción, aquella que era su oficina, y se adentro recibiendo un saludo de su mano derecha, Kusakabe Tetsuya. Este simplemente le dejo preparada una taza de cafe en su escritorio, los papeles que debía firmar organizados y abandono la oficina, sabiendo perfectamente que recibiría un castigo de parte de su mejor amigo si no lo dejaba tranquilo mientras realizaba aquel trabajo.  

Tras dar un sorbo a su cafe, comenzó con la labor del día anterior. Papel tras papel fue firmado y sellado por el prefecto, mientras la pileta de papeles por firmar se iba reduciendo, y la pileta de papeles completos iba creciendo. Cuando llego el atardecer, el prefecto había terminado con aquella labor, dejando los papeles apilados para que Tetsuya regresara y los recogiera para llevarlos a dirección. Tras acomodar su uniforme, se dirigió a la azotea del instituto dispuesto a descansar un poco antes de su ronda nocturna, sin esperar toparse con el "rey de los herbívoros" y toda su prole, junto al bebe carnívoro.

_ ¿Que hacen aquí? - pregunto en un tono amenazante. Los presentes lo miraron con distintas reacciones, su "jefe" lo miraba con terror, mientras que el lambebotas del castaño lo miraba de forma amenazante. Las reacciones de los demás variaban entre aquellas dos, a excepción del arcobaleno, que sonrió siniestramente mirando al azabache. Este menciono algo referente a una reunión de guardianes, cosa que era de muy poca importancia para Kyoya, quien estaba dispuesto a masacrarlos en aquel mismo instante por irrumpir en el instituto fuera del horario de clases. Pero, apenas saco sus tonfas, y el menor del grupo, el guardián del Trueno, se tropezó luego de jugar con la pequeña niña china y lanzo hacia el un tubo morado, con el cual ya había tenido experiencias anteriormente.

_ Hibari~ Hibari~ - canto el ave que lo acompañaba, Hibird, posándose en su hombro justo antes de que el objeto callera sobre el prefecto, formando una extraña nube de humo rosado. Se sintió mareado, cayendo de rodillas al piso para cuando el humo se esfumo. Nuevamente había sido alcanzado por ese maldito aparato que lo llevaba a través del tiempo, aunque esta vez era diferente. No se encontraba en la base de los herbívoros, ni en su amada ciudad de Namimori 10 años en el futuro, si no en un lugar completamente desconocido. Era un bosque, pero no era el bosque de Namimori, si no un bosque mucho mas profundo y solitario. Miro a su alrededor con cautela, intentando descubrir donde demonios se encontraba, mientras se ponía de pie con sus tonfas en mano.

_ Morderé hasta la muerte al grupo de Herbívoros apenas regrese a Namimori - sentencio molesto, antes de tomar posición de ataque con sus tonfas firmemente agarradas. Habia escuchado una rama romperse en el piso, llevando su afilada mirada hacia aquel lugar dispuesto a atacar y desquitarse con lo primero que se encontrara.


El orgullo no es algo que se puede entregar o renunciar
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Hibari Kyoya

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